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En este espacio voy a expresarme sobre cosas que solo me interesan a mí, si no les gusta busquen otra cosa.

viernes, 20 de julio de 2012


La decadencia de la amistad 

Muchos pensadores han creído notar que, en estos tiempos, la amistad es más un tema de conversación que una actividad concreta. Por cierto, es relativamente fácil encontrar personas dispuestas a componer canciones sobre los amigos. En cambio es bastante difícil conseguir que esas mismas personas le presten a uno dinero. Según parece, el sentimiento amistoso se halla en decadencia. Todos los días uno tropieza con canallas que lejos de preocuparse por la escasez de amigos, se jactan de ella. 
-Yo, amigos, lo que se dice amigos, tengo muy pocos, o ninguno- nos gritan en la cara. Y no advierte que el sujeto esta esperando que lo feliciten por semejante hazaña. En los años dorados de Flores, cuando alcanzaban su apogeo la comprensión, la poesía y el juego del codillo, también existían enemigos de la amistad que preocupaban a los Hombres Sensibles. 
Manuel Mandeb, el metafísico de la calle Artigas, colecciono algunas de sus obtusas opiniones en un opúsculo titulado maliciosamente Los amigos. Como ya es costumbre, transcribimos algunos párrafos. 
“… La amistad debe nacer en la juventud o en la infancia. Nuestros amigos son aquellos que aprenden junto a nosotros o, mejor todavía, los que viven aventuras a nuestro lado. Y por lo general, la gente aprende y vive aventuras en la juventud. Después casi todo el mundo consigue algún empleo en casas de comercio y ya resulta imposible adquirir conocimientos nuevos o pelearse con una patota. 
“…A los once o doce años, uno empieza a hartarse de la familia y encuentra que los muchachos de la esquina son mucho mas divertidos que el tío Jorge. Durante mas o menos una década nadie estará mas cerca de nuestro corazón que esos muchachos. Y si uno quiere aprovisionarse de amigos, debe hacerlo en ese periodo. Después será demasiado tarde…” 
Según se aprecia, el criterio de Manuel Mandeb es interesante y tal vez verdadero. Sucede que en cierto momento de la vida uno descubre que esta rodeado de extraños: compañeros de trabajo, clientes, acreedores, vecinos y cuñados. Los amigos de verdad están lejos, probablemente encerrados en círculos parecidos. 
Algunos empecinados insisten en cultivar amistades nuevas. Los matrimonios maduros se visitan mutuamente y desarrollan pálidas parodias de la amistad verdadera: se cuentan una y otra vez episodios antiguos, vividos con los amigos viejos, que ya no están. Cuando uno es joven no cuenta historias a sus amigos: las vive con ellos. A pesar de estas sabias reflexiones de Mandeb, existio en Flores una agencia destinada a ofrecer amistad a los solitarios. 
Fue la celebre Proveeduría de Amigos de Ocasión. Sus fines de lucro eran innegables. Todavía hoy se recuerda su ‘slogan’ publicitario: “Tenga un amigo desinteresado. Páguelo en cuotas”. Con solo acercarse al mostrador, el cliente ya notaba un clima amistoso y amplio. Los empleados sabían como atacar. 
-Buenas tardes. No sabes lo que me hizo esta mañana la bruja de mi mujer-. 
Y a los treinta segundos uno se sentía entre amigos. Después, entre palmadas, guiños, pellizcones y confidencias, los comerciantes iban mostrando el amplio catalogo de la proveeduría. Tenían amigos silenciosos, dispuestos a escuchar cincuenta veces la historia de una operación. Amigos complacientes, siempre amables y elogiosos. Amigos efusivos que saludaban con abrazos y se despedían a los gritos. Amigos divertidos, eruditos en cuentos picantes y expertos en bromas pesadas. También se prestaba un servicio un tanto oneroso, especialmente para personas encumbradas. Consistía en el alquiler de una cohorte de adulones que acompañaban al cliente a todas partes, se reían de sus chistes, aplaudían sus ocurrencias y suscribían con entusiasmo cualquiera de sus pensamientos. Precediendo a esta comparsa, solía marchar una corneta, que abría la puerta de los bares y asomando la cabeza gritaba: 
-Ahí viene el doctor Del Prete!!-. 
El trabajo se hacia tan bien, que muchos de los contratantes ya no podían prescindir de el nunca mas. Muchos profesionales del barrio extinguieron su fortuna pagando este servicio de la agencia. Un asunto que molestaba a los clientes era el rigor de los Amigos de Ocasión en sus horarios. Cuando vencía el plazo estipulado, se terminaba la amistad. Sin saludar, los contratados daban media vuelta y se iban, muchas veces interrumpiendo una carcajada o librándose bruscamente de un abrazo fraternal. Sin embargo, hay que admitir que algunos aspectos del funcionamiento de la proveeduría eran bastante nobles. Por ejemplo, la Sección Niños permitía que los padres eligieran a los amigos de sus hijos, sin correr riesgo alguno. Para ello se contaba con un numeroso plantel de chicos e incluso enanos, adiestrados en diferentes actitudes. Según el gusto paterno, podían encontrarse pibes atorrantes para avivar a los pequeños pelandrunes, niños estudiosos para estimular a los adoquines, y criaturas educadas y juiciosas para serenar a los más piratas. Desde luego, no pudo evitarse que muchos chicos se resistieran a la decisión de los padres. Así se oían con toda frecuencia en Flores frases como esta: 
- Camine a jugar con los amiguitos que le alquilo su padre, caramba!-. 
Asimismo existía un departamento para Damas, con un amplio surtido de chimentos. Algunos malintencionados decían que las mujeres no contrataban amigas, sino enemigas, pero ese es otro asunto. 
El fracaso mas estruendoso fue el de la sección Amistades Mixtas. Nada cuesta razonar que los caballeros que solicitaban amigas escondían casi siempre otras intenciones. No se espante el lector pensando que nos internaremos en un tema tan manoseado como el de la amistad entre la mujer y el hombre. Vale la pena – eso si- recordar lo que dijo Manuel Mandeb a una amiga suya, tal vez alquilada en la proveeduría. 
-Vea. Yo puedo ser su amigo si usted quiere. No tratare de seducirla ni me pondré romántico ni le hare propuestas indecorosas. Pero sepa que yo necesito que exista un amor potencial. Me resulta indispensable que exista una posibilidad en un millón de que algo surja entre nosotros. Le aclaro que es probable que si se da esa circunstancia yo salga corriendo. Pero es únicamente en virtud de esa remotísima chance que yo estoy aquí oyendo su conversación como un imbécil-. 
Los Hombres Sensibles nunca fueron buenos clientes de la agencia Amigos de Ocasión. Quizá porque sus presupuestos eran muy humildes. O a lo mejor porque les gustaba que los quisieran gratis. En cualquier caso, los muchachos del Ángel Gris tenían un criollo pudor en estas cuestiones. Para ellos andar declarando públicamente el grado de amistad que sentían por alguien era cosa de afeminados. Manuel Mandeb pasaba largas horas en la esquina de Artigas y Morón fumando con Jorge Allen, el poeta. Muchas veces ni se hablaban. Se contentaban con saber que el otro estaba allí. 
Ya en su última etapa, la proveeduría empezó a ofrecer viejos amigos. En un principio la idea consistía en rastrear -a pedido del cliente- el paradero de personas ausentes y lejanas. Pero como advirtieron que la tarea era demasiado complicada, resolvieron que era más fácil inventar antiguas amistades que rescatarlas del pasado. 
Se preparo entonces un magnifico grupo de viejos mentirosos que ante la entrada de algún candidato de cierta edad, fingían reconocerlo y le soltaban cuatro o cinco recuerdos para ir tomando confianza. Esta sección trabajaba mucho en las cenas anuales que suelen realizar los ex-alumnos de los colegios. Su misión consistía en ir reemplazando a los fallecidos y mantener siempre firme la concurrencia. Así, en cierta reunión de egresados del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, promoción 1921, se dio el curioso caso de que ninguno de los asistentes había pisado jamás ese establecimiento, lo que no les impidió evocar a profesores, reírse de pasadas travesuras y brindar por encuentros futuros. 
Con el tiempo, la actividad de la agencia fue amenguando. Contribuyo a este hecho cierta mala prensa que siempre tiene la amistad entre los espíritus escépticos. En Flores, y en todos los barrios, se contaban leyendas sobre las traiciones de los amigos y sobre las ventajas de la soledad. Todavía en nuestro tiempo hay personas que se complacen en declarar que los perros son mas leales y sinceros que los humanos. Cabe sobre esto una pequeña reflexión. 
Tal vez sea cierto que los perros no traicionan. Pero esto no es en realidad una virtud del animal. Ocurre simplemente, que la módica organización mental del perro le impide realizar procesos tan complicados como una estafa. Es decir: los perros no pueden traicionarnos, por la misma razón que no se les permite escribir novelas. Hoy cuando ya no existe la Agencia Amigos de Ocasión, vale la pena preguntarse si no será necesario inventar algo para reemplazarla. Sera difícil, desde luego. Nadie podrá rescatar a los amigos perdidos. Poco podrá hacerse para librarnos de los desconocidos que llenan nuestro tiempo.                                                                                                                                                           En todo caso, cada uno de nosotros deberá cuidar lo poco que tenga. Sin componer canciones ni escribir poemas. Se trata únicamente de sentarse un rato en la vereda o de matear en silencio con los que están más cerca de nuestro espíritu.                                                                                                                                                                    Si uno no tiene ya a los de antes, cabe decir que tal vez existen en el mundo amigos viejos a los que todavía no conocemos.                                                                                                                                                            Yo mismo, las otras noches resolví salir de mi encierro y lleno de ilusión me encaminé a cierta esquina que conozco. Tenía ganas de fumar en silencio junto a tres o cuatro sujetos que se estacionan en ese lugar.                                        Pensaba además cosechar algún guiño amistoso después de estos años en que estuve tan ocupado.                             Pero algo raro debe haber sucedido, porque no había nadie.

ALEJANDRO DOLINA


 

domingo, 5 de febrero de 2012

La Venganza TV

Llevo años (desde el 2004), desvelándome de noche oyendo el programa por radio, en un principio a través de Universidad 580, luego paso por distintas emisoras AM: Continental, Radio 10, Radio Nacional y actualmente en Del Plata. Siempre imaginaba como seria presenciar la trasmisión en vivo, hoy lo puedo saber gracias a 360 TV.   

A continuación les dejo algunos fragmentos para disfrutar:

360 TV - "La venganza será terrible" 18/01 (Parte 1)

360 TV - "La venganza será terrible" 18/01 (Parte 2)

360 TV - "La venganza será terrible" 12/01

viernes, 20 de enero de 2012

Humor negro. Llamen al INADI.

Una aventura de David Gueto

Por Gustavo Sala


viernes, 6 de enero de 2012

Un cuento sobre los Reyes Magos.

Los Hombres Sensibles,
los Refutadores de Leyendas
 y los Reyes Magos 


 Todos conocen la aguda polémica que suele encenderse en Flores cuando se acerca el 6 de enero.
 Los Refutadores de Leyendas cumplen en esos días horarios especiales y desatan una intensa campaña. Naturalmente, tratan de esclarecer a los chicos acerca de la verdadera identidad de los Reyes Magos. Los más desaforados no vacilan en afirmar que estos personajes no existen y que la eventual aparición de juguetes sobre el calzado infantil es el resultado de sigilosas maniobras de los padres, amparados en las sombras de la noche.
 Sus argumentos –hay que decirlo- son bastante sólidos. El profesor Pedro Del Moro los ha reunido y codificado en su libro Los Reyes son los padres. Esa obra, cuyo solo título presagia revelaciones apocalípticas, comprende tres grandes capítulos, cada uno de ellos con razonamientos de distinto color.
 El primero se titula “Testimonios”. Cerca de doscientas personas cuentan experiencias personales que abonan la tesis central del libro. Transcribiremos algunos fragmentos.
 “…Me costó dormirme. Siempre me pasaba lo mismo en noches como aquella. Ese año mis pedidos habían sido bastante módicos. Un encendedor, una afeitadora eléctrica y una caja de lápices. A medianoche me desperté sobresaltado: ¿había puesto mis zapatos en el pasillo? Me levanté para comprobarlo. Y entonces, en la penumbra del pasillo, subrepticio como un ladrón, hincado sobre mis viejos mocasines, vi a mi padre con los regalos. Se levantó lentamente. Durante un largo rato nos miramos con encono.
 ”-De modo que así son las cosas- le dije.
 ”-Dejame que te explique…
 ”-No, papá- no me importó ser cínico-. Creo que ya es demasiado tarde para explicaciones…”         

 Es probable que los berretines novelísticos del profesor Del Moro conspiren contra el estilo expositivo que es deseable en toda obra de especulación científica. Las otras historias del primer capítulo son –si bien se mira- todas iguales: sujetos que sorprenden a sus padres en situaciones comprometidas, confesiones espontáneas de padres arrepentidos, trampas preparadas de antemano y hasta fotografías reveladoras. El más impresionante es el caso de un joven estudiante de farmacia que habiendo entrado en sospechas a causa del demasiado trato con las ciencias, amenazó a su madre con un arma hasta que la pobre mujer reconoció sus usurpaciones.
 En el segundo capítulo, Del Moro apela al sentido común. Básicamente sostiene:
a)      Que es por lo menos improbable que tres personas visiten todas las casas del mundo en una sola noche.
b)      Que también resulta difícil admitir que puedan acarrear en sus bolsas centenares de millones de juguetes.
c)      Que los regalos que amanecen sobre los zapatos el 6 de enero parecen más paternales que reales, sobre todo en el precio.
 Sobre la alfalfa que algunos niños dejan en el patio, Del Moro opina que es ingerida por los padres, quienes de este modo no solamente serían los Reyes Magos, sino también los camellos.
 El tercer y último capítulo es una larga serie de consejos sobre la conveniencia de no fomentar ilusiones en los niños y de explicarles todo, en términos amables pero rigurosamente exactos.
 Los Hombres Sensibles de Flores, por el contrario, prefieren que los chicos crean en los Reyes, en las hadas y en el mundo de los sueños.  
 Por eso cada vez que se encuentran con un pibe le cuentan que hay ratones que dejan dinero bajo las almohadas si uno les pone un diente. O que el hombre de la bolsa se lleva a quienes sienten repugnancia por la sopa. O que soplando panaderos se consigue lo que uno quiere. O que pisando baldosas rojas se ahuyenta al demonio. O que haciendo gancho con los dedos se impide a los perros exonerar sus intestinos.
 En la anual discusión de los Reyes Magos, los Hombres Sensibles acusan a los Refutadores de Leyendas de obrar con el único propósito de ahorrarse el regalo. A su turno, los Refutadores declaran que muchos pibes de Flores fingen creer, aun siendo escépticos, al solo efecto de recibir un trencito o una pelota. “Esta infame actitud- dice el profesor Del Moro en su libro- es propia de niños perversos y mezquinos. ¿Qué se puede esperar de quienes venden su inocencia por una bicicleta?”
 Los Hombres Sensibles tienen en esos asuntos algunos aliados indeseables.
 Muchas personas que se jactan de su dulzura suelen cometer el desatino de intentar la demostración racional del mundo mágico, para convencer del todo a los chicos.
 Así, cada Navidad, docenas de pajarones se disfrazan de Papá Noel (una ilusión gringa, les garanto). Otros hacen el Rey Mago y hasta llegan a saludar y besar a sus sobrinos para que crean o revienten.
 Desde luego, esto no debe extrañarnos en un mundo en que la gente cree solamente en lo que se ve y se toca. No comprenden estas personas que es cien veces más verosímil un personaje que no se ve jamás y tiene la apariencia de nuestros sueños, que el chitrulo pintado de negro, que se ha puesto el batón de nuestra abuela, se parece al tío Raúl y huele a cerveza.
 Yo no creo que los chicos se traguen esos disfraces. En los tiempos de mi infancia, la tienda Gath & Chaves solía exhibir en sus salones a los Reyes Magos. Yo tenía cinco años y, aunque era bastante pavote, razonaba que se trataba de tres impostores pagados por la tienda. No era posible que quienes provenían del Barrio Celeste anduvieran tomando partido por la prosperidad de una casa de comercio.
 Manuel Mandeb en su estudio Ilusiones eran las de antes se queja de esa tendencia a la garantía visual. Veamos:
 ”…En estos asuntos el exceso de pruebas es más sospechoso que la ausencia de ellas. Muchos niños han creído en los Reyes hasta que los vieron. Lo único que hay que hacer es sembrar la ilusión. Después ésta crecerá sola. Nada de disfraces ni payasadas. Si insistimos en mostrar al niño todo aquello cuya existencia postulamos, llegará un día en que el pequeño sabandija nos exigirá que le mostremos el desengaño o un átomo o una esperanza. Y como no podremos hacerlo, el tipo reputará inexistentes a esperanzas, desengaños y átomos…”
 No andaba desacertado Mandeb. Cuando uno ve películas de terror cree firmemente en el monstruo hasta que lo ve. Entonces descubre que no se trata del verdadero horror (que existe positivamente dentro de nosotros) sino de un truco lamentable. Pero algunos párrafos más adelante, el pensador árabe vuelve a caer –como tantas veces- en el desafortunado rumbo de los tomates. Siguiendo con el criterio de no aportar pruebas concretas, Mandeb llega a insinuar la conveniencia de suprimir el regalo de Reyes por considerarlo una concesión improcedente.
 ”…Así todo sería ilusión: los Reyes, su visita y aun el regalo, del que podría hablarse, pero sería imposible de ver y tocar. Los niños correrían en monopatines imaginarios y shotearían pelotas soñadas, que son las mejores porque nunca se pinchan ni se pierden ni son cortadas por los vecinos intolerantes.”
 Mandeb pensaba, además, que la abolición de la recompensa ennoblecía la creencia y –por otra parte- eliminaba injusticias.                                                                                                                                     “Los chicos pobres son capaces de sueños tan rumbosos como los de los príncipes.”    
 Manuel Mandeb, como tantos Hombres Sensibles, creía realmente en los Reyes Magos.
 Todos los 5 de enero ponía sus zapatones en la ventana de la pieza de la calle Artigas donde vivió muchos años. Jamás le dejaron nada, es cierto. Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las viejas del barrio creían notarlo amable y compuesto. Quizá no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes.
 Muchos de sus amigos sintieron alguna vez la tentación de dejarle algún regalito.
 Pero no quisieron engañarlo. Ellos también esperaban con él. Y hacían fuerza para que alguna vez apareciera aunque más no fuera un calzoncillo.   
 Nunca ocurrió nada, pero la fe de los Hombres Sensibles de Flores no se quiebra fácilmente.
 ¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Cualquier papanatas  es capaz de suscribir que existen las licuadoras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para atreverse a creer en lo que no es demostrable y –más aún- en aquello que parece oponerse a nuestro juicio. Para lograrlo hay que aprender –como quería Descartes- a desconfiar del propio razonamiento. Por supuesto, en nuestro tiempo cualquier imbécil tiene una confianza en sus opiniones que ya quisiera para sí el filósofo más pintado.
 La incredulidad es –según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares.
 Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones.
 Por eso hicimos nuestras cartitas, pusimos nuestros enormes y pringosos zapatos en las ventanas, en los patios y aun en los jardines.
 Y el 6 de enero recogimos nuestros sencillos regalos y se los mostramos a los vecinos.
 -Mire lo que nos trajeron los Reyes.
 Algunos Refutadores de Leyendas nos miraban con envidia, silenciosamente.




Alejandro Dolina.




            

martes, 3 de enero de 2012

Lista negra de los artistas que se ganaron mi desprecio y antipatía (Parte 1)

10- Dante Spinetta

           

Justificación: Es un claro caso de portación de apellido, lástima que no le hace honor al mismo. Flaco: ¿Estás seguro de que es tu hijo?
                                                                                                                                                                   9- Fabiana Cantilo

          

Justificación: Una cantante con muchas aspiraciones. Ahora ya entiendo a que se refería cuando cantaba "Mi enfermedad".
                                                                                                                                                                 8- Attaque 77


Justificación: Hace rato que pasaron los 40 y siguen haciendo ese punk-rock pajero para adolescentes.
                                                                                                                                                                 7- Callejeros


                                                                   
Justificación: Más alla de que su música es altamente nociva para todo tipo de oídos, también les cabe alguna responsabilidad penal por la tragedia de Cromagnon. Esta banda es un quemo.

                                                                                                                                                                 6- Fito Paéz

    

Justificación: Siempre vivió a la sombra del genial Charly García. Sus méritos artísticos son casi nulos y no merece que siga hablando sobre él. No existe.
                                                                                                                                                                           5- Bono (U2)

              

Justificación: No le creo nada cuando habla sobre Paz y Amor. ¿Por Qué nunca se pronunció abiertamente en contra de la guerra en Irak? Es pura demagogia.
                                                                                                                                                                   4- Víctor Heredia


Justificación: Viene robando hace años con el mismo repertorio y utilizando el mismo discurso pedorro sobre derechos humanos y bla bla bla.....
                                                                                                                                                                       3- Gustavo Cordera   



Justificación: Traicionó a su público más fiel a cambio de fama y aceptación. Lo viene haciendo de forma sistemática desde hace años. Ahora sus canciones suenan en todas las radios.

                                                                                                                                                                 2- León Gieco


Justificación: Por apostar constantemente al golpe bajo en cada una de sus presentaciones y lucrar con ello. Si no me creen basta con ver su último videoclip aunque recomiendo hacerlo con el estomago vacío porque es verdaderamente desagradable.

                                                                                                                                                                               1- Carlos "El Indio" Solari


Justificación: Todos hablan maravillas de él y lo alaban como si fuese un semidiós, incluso aquellos que no entienden sus canciones o nunca lo escucharon. Él lo sabe y lo aprovecha, y es por eso que se da aires de artista incomprendido e intelectual crítico. No hace falta ser un genio para darse cuenta que es un forro.
                                                                                                                                                               Bonus Track: Calle 13


Justificación: Se la dan de reivindicadores latinoamericanos pero es todo una gran nube de humo. Rebeldía bien paga.